Se alzan las voces denunciando a los acusadores y hasta se pide que renunciemos a la jurisdicción de ese tribunal internacional.
No hay que buscar culpas en otros. Cada vez que nos vemos al borde de una condena la culpa es totalmente nuestra.
La Corte opera de una manera muy clara: alguien lleva una acusación. La Corte comunica el caso al país acusado para que éste responda la acusación. Luego de pasado el plazo de respuesta, la Corte decide si toma el caso o no.
Si se declara competente, se notifica a las partes para el juicio.
Hay que decir que la Corte solo tiene competencia luego de que hubieren agotado todos los recursos internos de derecho.
La mayoría de las veces que hemos sido acusados como país, hemos respondido como lo hacemos internamente ante las acusaciones: no hacemos caso hasta que es tarde.
Cuando un país se encuentra ante la situación de ser condenado por la Corte es generalmente porque es culpable o no se ha defendido adecuadamente. La culpa no hay que buscarla en otra parte.
Nuestro país debe aprender a jugar con las armas del derecho en todos los campos. No hay virtud alguna en proteger a asesinos o ladrones, simplemente porque son de un partido. Si la ley local no reconoce derechos, alguien tiene que otorgarlos.
atejada@diariolibre.com / Google Imagen



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